Upiro

Sitges26: Vampiros a la española y la maternidad da miedo

Nightborn nos adentra en una pesadilla que cuestiona la imagen idealizada de la maternidad. Hanna Bergholm convierte una experiencia que asociamos con la felicidad en una historia inquietante, llena de terror psicológico, folclore y body horror. Lo interesante es cómo aborda los miedos, la soledad y la presión que puede comportar ser madre, alejándose de la visión idílica que a menudo nos venden.

Nightborn

Seidi Haarla está espectacular en su papel protagonista, transmitiendo la angustia y el desconcierto de una mujer que siente que algo no va bien. Su interpretación es intensa, física y muy creíble, y consigue que sufrimos con ella en todo momento. A su lado, Rupert Grint , inevitablemente asociado al Ron Weasley de Harry Potter, interpreta a la pareja de la protagonista. Cuesta un poco olvidar al personaje que le hizo famoso y verle con otros ojos.

Nightborn es una propuesta valiente, incómoda y perturbadora, que combina momentos de tensión con escenas de terror visceral y nos obliga a mirar la maternidad desde una perspectiva mucho menos amable. Quizás no sea una película para todos, pero tiene personalidad, buenas interpretaciones y lo suficientemente mala leche para dejarte removido un buen rato después de los créditos.

Upiro arranca como una propuesta de terror gótico muy interesante, ambientada en un convento del siglo XVIII donde unas monjas padecen una misteriosa enfermedad de la sangre. Óscar Martín crea una atmósfera oscura y opresiva, con supersticiones, religión y una amenaza sobrenatural que se va haciendo cada vez más inquietante. La fotografía, la dirección artística y el regusto de cine clásico de vampiros son algunos de sus puntos fuertes, cuya historia sabe jugar con el misterio y mantenerte intrigado.

Upiro

El problema llega hacia el tramo final, cuando el relato da un giro bastante radical y empieza a desconcertar. Lo que hasta entonces parecía un terror gótico más contenido se transforma en una propuesta mucho más alocada, grotesca y excesiva, como si de repente estuviéramos viendo otra película. Es un cambio arriesgado que, personalmente, me ha desconcertado pero que puede agradar a los amantes del fantástico desatado. Lo que está claro es que hace que la historia pierda un poco el rumbo y pueda dejar a más de un espectador con cara de desconcierto, yo misma.

“Too Many Beasts” es una comedia negra rural de aquellas que comienzan con un conflicto extraño y acaban llevándolo hasta límites insospechados. Sarah Arnold nos presenta un pueblo francés en pie de guerra entre campesinos y cazadores, con jabalíes descontrolados, corrupción y una investigación policial que cada vez se complica más. Todo ello tiene un humor absurdo, personajes bastante peculiares y situaciones que van del thriller criminal al surrealismo más inesperado.

Too many beasts

Lo mejor es esta forma tan particular de retratar la miseria humana, los intereses de los poderosos y las pequeñas locuras de un pueblo donde parece que todo el mundo esconde algo. Alexis Manenti y Ella Rumpf tienen una gran química (y una curiosa escena de sexo), especialmente cuando la investigación se deriva hacia situaciones cada vez más delirantes. Eso sí, el tono es tan peculiar que no siempre es fácil entrar en su juego. Sin embargo, no se puede negar que “Too Many Beasts” tiene personalidad, mala leche y suficientes momentos alocados para dejar un buen regusto. Una comedia criminal distinta, que demuestra que, en ocasiones, las bestias más peligrosas no son precisamente los jabalíes.