The Furious Kenji Tanigaki

Sitges: Crónica 2

En el segundo día de festival nos llega una de las cosas que más disfrutamos de este certamen: el cine de acción de Hong Kong. Y además, The Furious es de lo mejor del género que hemos visto últimamente.

Dirigida por Kenji Tanigaki, The Furious sigue la odisea de Wang Wei (Miao Xie), un humilde trabajador sordomudo que un día presencia como su hija Rainy (Enyou Yang) es secuestrada por una red de tráfico de personas. Desesperado, Wang Wei se embarca en una misión frenética para rescatarla, enfrentándose a criminales y policías corruptos. En su búsqueda, Wang Wei encuentra a un aliado inesperado en Navin (Joe Taslim), un periodista que también busca a su mujer que desapareció cuando investigaba la misma red criminal. Los dos hombres tendrán que aprender a confiar el uno en el otro y sacar a lucir habilidades de combate ocultas de su pasado para rescatar no sólo a Rainy, sino a otros niños víctimas de la organización, antes de que sea demasiado tarde.

The Furious Kenji Tanigaki


Con un guión sin demasiadas más complicaciones, esta premisa, se convierte en un tour de force de dos horas que no deja un segundo de respiro, acción a raudales con todos los elementos que nos encantan de estas cintas: un héroe a regañadientes que no se detendrá ante nada para alcanzar su objetivo, un puñado de malos odiosos (que incluyen a Yayan Ruhian a quien ya habíamos visto en otro de los puntales del género como es The Raid), un toque emotivo y social con el trasfondo del tráfico de personas, y sobre todo coreografías adrenalíticas. Con un ritmo vertiginoso y una forma de rodar que realza el realismo y la espectacularidad de la acción, Kenji Tanigaki alcanza un hito no sólo en su carrera sino en el cine de Hong Kong en general. Un festín de artes marciales en el que los protagonistas utilizan todo lo que tienen a mano para perpetrar unas luchas impactantes: puños, cuchillos, martillos, cadenas, sierras, cuerdas e incluso unas bicicletas que se convierten en las protagonistas de una de las escenas más memorables del film.

The Furious Kenji Tanigaki

Siguiendo con la Sección Oficial, hoy también era el turno de la noruega La hermanastra fea, cuyo cartel preside la entrada en el Auditori del Melià con una de las perturbadoras escenas de la película. El film es la ópera prima de Emilie Blichfeldt, que realiza una curiosa reinterpretación del cuento de Cenicienta, explicada desde el punto de vista de Elvira, una de las hermanastras feas, para hacer una contundente crítica a los cánones de belleza impuestos por la sociedad y que esclavizan a las mujeres.

La hermanastra fea Emilie Blichfeldt


Elvira (Lea Myren), considerada poco agraciada, vive a la sombra de la hermosa Agnes (Thea Sohie Loch). Cuando su padre muere, las esperanzas de progresar pasan por que alguna de las hermanas consiga casarse con el príncipe Julian. Consciente de que con su físico Elvira tiene nulas posibilidades de conquistarlo, su madre (Ane Dahl Torp) la obligará a someterse a todo tipo de procedimientos grotescos y dolorosos para hacer que la chica encaje con el ideal de belleza del reino y se haga con el corazón del heredero al trono.

La hermanastra fea Emilie Blichfeldt


La cinta transpira humor negro y crítica desgarradora mezcladas con unas buenas dosis de body horror. Y aunque nos ha parecido un exceso publicitario el hecho de que en la entrada a la proyección nos regalaran una bolsa para vomitar y en la salida un caramelo por el aliento, lo cierto es que en La hermanastra fea hay algunas escenas incómodas de mirar.

Tal como lo hizo La sustancia en la pasada edicion, La hermanastra fea no deja de servirse de la incomodidad y la ironía para denunciar una vez más el horror real en el que la mayoría de mujeres viven al ver sus cuerpos sometidos a un juicio constante.

La tercera película del día intentaba dar una vuelta al a menudo saturado subgénero de los zombies. We bury the dead, dirigida por Zak Hilditch, sigue a Ava (interpretada por Daisy Ridley), una mujer que se ofrece como voluntaria para participar de los equipos que recuperan y entierran los cuerpos de los fallecidos después de que un arma experimental haya asolado a Tasmania.


Las personas que no murieron en la explosión sufren de muerte cerebral pero comienzan a recuperar funciones motoras, lo que les convierte en no-muertos con actitudes violentas. Pero tras el periplo de Ava esquivando zombies junto a otro voluntario, hay una motivación personal: llegar hasta el lugar donde su marido, del que no ha sabido nada más, estaba pasando un retiro laboral de fin de semana.

We bury the dead Zak Hilditch


Con esta premisa, Hilditch intenta combinar algunos momentos de sustos típicos del género con una reflexión sobre la pérdida, el luto y el cierre de las crisis sentimentales. Un experimento que no acaba de salir del todo exitoso debido a un ritmo irregular y a ratos demasiado contemplativo, que a pesar del buen trabajo de la protagonista no acaba de sostener o dotar de bastante fuerza una reflexión personal con la que no siempre se consigue empatizar.